Isaías 40:29-31
“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán;
caminarán, y no se fatigarán.”
Meditación
El cansancio del alma es real. A veces no es el cuerpo el que colapsa, sino el ánimo. Hay días donde el creyente se siente como una vela al borde de apagarse, una rama al punto de quebrarse. Pero aquí Isaías no reprende al cansado, lo consuela.
Dios no desprecia la debilidad; la honra al ser Él mismo quien provee la fuerza. La Escritura no ignora que incluso los más fuertes —los “jóvenes”— se fatigan. El problema no es estar débil, sino intentar seguir sin acudir a Aquel que da nuevas fuerzas.
Los que “esperan” en Jehová —es decir, los que confían, dependen y se refugian en Él— no serán avergonzados. Serán renovados. Levantarán alas, correrán, caminarán. No porque tengan una fuerza extraordinaria, sino porque Dios renueva lo que el sufrimiento desgasta.
Thomas Brooks dijo:
“La gracia nunca brilla más que cuando sostiene al alma en medio de las cenizas.”
Aplicación
- ¿Estás hoy sin fuerzas? ¿Sientes que has hecho todo, pero aún estás desgastado por dentro?
- ¿Te cuesta avanzar, orar, creer, seguir?
- No finjas que estás fuerte. Corre a Aquel que sí lo está.
- Confía en que Él no solo levanta al que cayó, sino que fortalece al que ya no puede levantarse solo.
Esperar en Jehová es:
- Clamar en medio del silencio.
- Seguir orando, aunque con lágrimas.
- Levantar los ojos, aunque el corazón esté quebrado.
Como dijo Richard Sibbes:
“Aunque el creyente sea una caña cascada, si está en Cristo, nunca será quebrado.”
Oración
“Señor eterno y misericordioso,
en este día no me presento con fuerzas, sino con necesidad.
Reconozco que estoy cansado, y que mi alma ha flaqueado.
Pero también confieso que Tú eres el Dios que da fuerzas al que no tiene ninguna.
Hazme levantar alas como las águilas, no porque yo pueda, sino porque Tú puedes.
Hazme correr sin cansarme, y caminar sin caer,
no porque soy fuerte, sino porque espero en Ti.
Renuévame, oh Dios, no solo para continuar, sino para adorarte mientras camino.
Tú no desmayas, ni te fatigas, y en Ti está mi esperanza.
En Cristo Jesús, roca de los débiles,
Amén.”










