Mateo 5:44.
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;”
Meditación
El Señor Jesús, en el monte, pronuncia un mandamiento que quiebra toda lógica natural: amar a los enemigos. No tolerarlos, no simplemente ignorarlos, sino amarlos con obras, palabras y oración.
Nuestro corazón, inclinado al orgullo y al resentimiento, se rebela ante este llamado. Pero Cristo no nos manda lo que Él no vivió: fue Él quien oró por Sus verdugos, bendijo a los que lo escupieron y murió por los que lo aborrecían. Este amor no nace de la carne, sino del nuevo nacimiento. Es el fruto de un corazón regenerado por el Espíritu de Dios.
¿Y por qué este mandato? Porque al amar a los enemigos, reflejamos el corazón del Padre. Él hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos. Amar al que nos ama no es señal de conversión; pero amar al que nos hiere es la evidencia de haber sido alcanzados por la gracia.
Thomas Watson escribió:
“Tenemos más de Cristo en nosotros cuando oramos por nuestros enemigos que cuando predicamos a multitudes.”
Este amor no es debilidad, es un arma que vence el odio, quebranta corazones y glorifica a Dios. Y es, sin duda, imposible para el hombre natural, pero gloriosamente posible para el que vive en Cristo.
Aplicación
- ¿Guardo rencor o resentimiento hacia alguien que me ha hecho mal?
- ¿Estoy dispuesto a orar sinceramente por el bien de quienes me han herido?
- Haz una lista de personas que te hayan herido, y comienza a orar por ellas con honestidad.
- Bendice con tus palabras, incluso cuando seas tentado a maldecir.
- Responde con acciones de bondad a quienes esperen de ti venganza o frialdad.
- Pide al Señor un corazón conforme al de Cristo, que ame más allá de lo merecido.
- Recuerda que amar al enemigo no es debilidad, sino obediencia poderosa.
Oración
Padre santo, que mostraste tu amor cuando aún éramos enemigos, ayúdame a amar como Tú amas. Que mi corazón no guarde amargura, sino que fluya misericordia. Hazme reflejo de tu gracia en medio de un mundo lleno de odio. Dame la fuerza para bendecir donde fui herido, orar donde fui rechazado, y hacer el bien donde esperaban venganza. En el nombre de Jesús, que amó hasta la cruz. Amén.










