Filipenses 3:12
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.”
Meditación
Aquí habla Pablo, el apóstol, el plantador de iglesias, el escritor de epístolas… y, sin embargo, dice: “No que lo haya alcanzado ya.”
Este versículo destruye la noción de una fe pasiva o conformista. Pablo no se siente satisfecho con lo que ya ha logrado. Sabe qué hay más de Cristo por conocer, más gracia por experimentar, más santidad por alcanzar. No es perfección lo que declara, sino perseverancia. No se gloría en su crecimiento espiritual pasado, sino que anhela más de Dios.
El verbo “proseguir” implica esfuerzo consciente, dirección constante y deseo ardiente. Pablo corre porque fue primero “asido” por Cristo: es el amor de Cristo lo que lo impulsa.
Thomas Watson dijo:
“La fe que se contenta con poco de Cristo ha recibido poco de Él.”
Una vida devocional saludable no se mide por actividades, sino por deseo.
No se trata de cuánto sabemos, sino de cuánto anhelamos conocerle más (Fil. 3:10).
Aplicación
- ¿Estás prosiguiendo? ¿O te has estancado espiritualmente?
- ¿Hay en ti una sed real de Cristo o te has vuelto indiferente en lo devocional?
Este pasaje nos llama a:
- Perseguir a Cristo cada día con intención: no como rutina, sino como pasión.
- No confundir madurez con pasividad: el creyente maduro anhela más, no menos.
- Revisar si la vida devocional es un deber frío o un deleite renovado.
Richard Baxter escribió:
“Donde hay poco de Cristo en el alma, hay poco vigor en la oración, poco gozo en la Escritura, y poco poder en la lucha contra el pecado.”
La vida devocional no es una obligación pesada, sino el camino por el cual perseguimos a Aquel que nos alcanzó.
Oración
“Señor Jesucristo,
gracias porque Tú me asiste primero,
cuando yo aún estaba lejos, Tú me abrazaste con tu gracia.
Hoy confieso que muchas veces he dejado de proseguir,
me he detenido, me he enfriado, me he distraído.
Pero tu Espíritu me llama a correr otra vez.
Haz que mi corazón vuelva a arder por Ti,
que mis devociones no sean deber muerto,
sino fuego vivo.
Que cada oración sea un paso hacia Ti,
cada lectura un alimento,
y cada día, una oportunidad de buscar más de tu hermosura.
No me dejes satisfecho con lo que ya he vivido,
porque aún hay más de Ti que necesito conocer.
Hazme proseguir con gozo, hasta el día en que te vea cara a cara.
Amén.”










