2 Corintios 6:2
“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”
Meditación
El mundo dice: “hoy es el día para ganar dinero”, “hoy es el día para disfrutar”, “hoy es tu momento de brillar”.
Pero Dios declara algo infinitamente más urgente: “Hoy es el día de salvación.”
Mientras el mundo corre detrás del éxito, del placer y de la autoafirmación, la Escritura nos recuerda que el alma es eterna, y el tiempo es breve.
Postergar la salvación es el más grande de los riesgos, porque mañana no está garantizado.
Lucas 12:20 nos muestra al hombre que dijo: “Alma, gózate, descansa…”, y Dios le respondió:
“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma.”
Isaías 55:6 advierte:
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”
Dios no siempre llamará. El corazón no siempre sentirá convicción. El tiempo de gracia es hoy, no cuando te convenga.
El día de salvación no es cuando tú lo determines, sino cuando Dios te llama.
Jonathan Edwards escribió:
“El diablo los vuelve necios; cuando son jóvenes, les dice que hay tiempo de sobra más adelante, que no hay prisa, que será mejor buscar la salvación después. … Y después, cuando su juventud ha pasado, les dice que ahora han perdido tanto –lo mejor de su tiempo– que ya no vale la pena intentar nada… Así, para ellos ningún tiempo parece bueno”
Aplicación
- ¿Estás postergando tu entrega a Cristo?
- ¿Estás confiando en que “mañana” tendrás tiempo para arrepentirte?
- ¿O ya conoces la verdad, pero la estás dejando para después?
Este es un llamado, no a una religión superficial, sino a una rendición total al Señor Jesús.
Cristo te llama hoy, no para añadir una creencia a tu vida, sino para darte vida en lugar de muerte, verdad en lugar de mentira, eternidad en lugar de humo.
No digas: “cuando me sienta listo.” Nadie se salva porque se siente listo.
Dios salva al que escucha Su voz y no endurece su corazón (Hebreos 3:15).
Thomas Watson dijo:
“El arrepentimiento postergado no es más que un engaño pintado de esperanza.”
Oración
“Señor de la salvación,
hoy escucho tu voz, y no quiero endurecer mi corazón.
Tú no me debes otro día de vida, y no me prometiste un mañana.
Te pido que tengas misericordia de mí.
Rompe mi orgullo, despierta mi conciencia,
y muéstrame a Cristo como el Salvador que necesito,
no mañana, sino hoy.
Hoy me postro, hoy me rindo,
hoy confieso que sin Ti estoy perdido.
Hazme nuevo, hazme tuyo,
y perdona mis pecados y sálvame.
Gracias por hablarme hoy.
Amén.”










