Colosenses 3:2
“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
Meditación
Aquí en este versículo el apóstol Pablo está llamando al alma a orientar sus afectos. No dice solo “pensad”, sino literalmente: “poned el corazón” en lo de arriba. Porque la vida cristiana no se sostiene solo por lo que se conoce, sino por lo que se ama.
Los afectos son el timón secreto del alma. Lo que más amas, eso gobierna tu voluntad. Lo que más deseas, eso determina tus elecciones. Por eso el Espíritu Santo no solo renueva la mente del creyente, sino también su corazón: para que Cristo no solo sea creído, sino amado sobre todas las cosas.
Y esto requiere lucha. Porque vivimos en un mundo saturado de imágenes, voces y placeres que claman por nuestra atención. Todo quiere cautivar nuestros afectos. Y cuando los afectos del alma se fijan en la tierra, la mente se oscurece, la voluntad se debilita y el pecado avanza.
Jonathan Edwards escribió:
“No se puede vencer un afecto pecaminoso simplemente suprimiéndolo, sino reemplazándolo por uno más fuerte: el gozo en Cristo.”
La mortificación del pecado, entonces, no se logra solo por negación. Se logra por reemplazo de afectos:
- El amor al mundo se vence con el amor más grande por la gloria de Dios.
- El deleite en el pecado se apaga con el deleite más dulce en Cristo.
- El orgullo cae cuando el alma se deleita en la hermosura de la humildad de Cristo.
Por eso Pablo dice: poned la mira —es decir, dirigid con intención vuestros afectos a lo eterno. No es algo automático. Requiere gracia y disciplina. Pero el alma que mira constantemente a Cristo se convierte en un alma que lo desea más… y el alma que lo desea más, obedece con gozo.
Aplicación
- ¿Dónde están mis afectos hoy? ¿En lo eterno o en lo terrenal?
- ¿Estoy luchando contra el pecado con frialdad… o cultivando afectos santos que lo reemplacen?
- ¿Mi amor por Cristo crece con el tiempo… o se enfría sin darme cuenta?
- Ora diariamente para que el Espíritu Santo renueve tus afectos hacia Cristo.
- Medita con frecuencia en su gloria, su cruz, su amor, su hermosura.
- Aleja tu alma de las fuentes que alimentan afectos terrenales.
- Llena tu vida de disciplinas que nutran afectos celestiales: oración, adoración, Palabra.
Oración
Señor, tú que sondeas los corazones,
Sabes cuánto fluctúan mis afectos,
cuán fácilmente mi alma se distrae y se apega a lo pasajero.
Pero hoy te pido: cautiva mi corazón.
Haz que Cristo sea mi tesoro supremo,
mi alegría más profunda, mi deleite constante.
Reemplaza cada afecto impuro por amor santo.
Haz que mis ojos vean lo eterno,
y que mi alma anhele solo a ti.
Amén.










