Daniel 4:25
“Y te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes; y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere.”
Meditación
Hay un tipo de conocimiento que no se aprende con libros, sino con quebranto. Así fue con Nabucodonosor, el rey más poderoso de su tiempo. Desde su trono gobernaba vastos territorios, su palabra era ley, y su gloria llenaba las naciones. Pero su corazón se envaneció, y olvidó que no hay trono que no haya sido puesto por la mano de Dios. Entonces, el Altísimo lo humilló.
Daniel le profetizó: serías echado de entre los hombres, reducido a la condición de una bestia, para que aprendieras lo que no quisiste reconocer desde tu gloria: que el Altísimo gobierna, y que ningún reino humano está fuera de Su dominio. No hay soberano que se eleve más alto que la voluntad de Dios, ni imperio que esté fuera del alcance de Su mano.
¡Qué humillante es este juicio, pero qué misericordioso a la vez! Dios quebró al hombre más orgulloso del mundo para llevarlo a la verdad: que solo Él reina. No fue destrucción, sino disciplina; no fue el fin, sino el camino hacia el arrepentimiento.
Matthew Henry dijo:
“Cuando Dios quiere enseñar al orgulloso, lo lleva a la escuela de la humillación.”
Nabucodonosor no aprendió desde la cumbre, sino desde la tierra, con el cuerpo mojado de rocío y el alma desnuda de vanidad. Solo entonces levantó los ojos al cielo, y su razón volvió. Así también Dios, en Su gracia severa, humilla al hombre para que conozca lo más glorioso: que todo poder, toda promoción, toda honra, procede de Él.
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a aprender en la humildad lo que el orgullo no te deja ver? ¿Reconoces que cualquier cosa que tengas, ha sido dada por Aquel que reina soberanamente sobre todo?
Aplicación
- ¿Tiendo a atribuirme el mérito por mis logros, olvidando que todo proviene del Altísimo?
- ¿Estoy viviendo como si el gobierno del mundo y de mi vida dependiera de mí, y no de Dios?
- Reconoce diariamente la soberanía de Dios sobre tu vida, tus dones y tus logros.
- Humíllate voluntariamente ante el Señor, para no tener que ser quebrantado por la fuerza.
- Agradece incluso los tiempos difíciles, pues muchas veces son el aula donde Dios enseña las lecciones más profundas.
- Ora para que toda altivez sea arrancada de tu corazón y reemplazada por reverencia.
- Recuerda que el mismo Dios que humilla, también exalta al humilde a Su tiempo.
Oración
Altísimo Señor, Tú reinas sobre todo y das el reino a quien quieres. Perdóname cuando el orgullo ha oscurecido mi entendimiento y he vivido como si dependiera de mí. Enséñame a reconocer tu mano en todo, a caminar en humildad y a rendir mi corazón a tu voluntad soberana. Que no tenga que ser humillado por la fuerza, sino que me postre voluntariamente ante tu majestad. En el nombre del Rey de reyes, Cristo Jesús. Amén










